Cómo ser profesora y no morir en el intento

No quiero que sea mi primer post después de vacaciones un escrito oscuro y negativo, ni que el mismo título sugiera eso mismo, aunque es casi inevitable, viviendo los tiempos que vivimos.

He intentado desconectar de todo y tener tiempo para mi paz personal y mi estabilidad emocional, de cara a prepararme para un curso que promete cosas mejores y cosas peores.

Es ahora que empiezo a ver lentamente la película “La Educación Prohibida”, para no perder de vista una realidad que quiero tener presente desde el primer momento. Es ahora que voy leyendo, con calma, comentarios y escritos sobre la avalancha de despropósitos en materia de educación que siguen acumulando nuestros gobernantes.

Ahora es cuando no quiero desesperarme viendo cómo nos enfrentan a los profesionales de la educación, cómo se vuelve a actitudes contra natura favoreciendo la educación diferenciada, cómo los pasos que nos costaron dar hacia adelante nos empujan hacia atrás, cómo se convierte en negocio lo que es derecho.

Lo que nos viene encima no es grato. Vamos a tener que enarbolar mucha paciencia, tener la cabeza fría y el corazón caliente. Pensar en todo aquello en lo que creemos, buscar la manera de que no nos quiten la emoción por lo que hacemos y, sobre todo, hay que seguir aprendiendo.

Es fundamental que no perdamos las ganas de saber más, de tener conocimiento y de transmitir esa ansia de aprendizaje a nuestros chicos. No podemos permitir volver en todo a tiempos pretéritos, porque sabemos que en la ignorancia está el miedo, y en el miedo la sumisión, y en la sumisión los privilegios de unos pocos. Vivimos en una sociedad donde ya no caben desigualdades, por mucho que se empeñen, donde nuestro deber es dar oportunidades a todos para que sean personas que tengan afán de búsqueda. Nuevas personas para nuevos mundos.

¿Cómo sentir optimismo al inicio del nuevo curso?. Quizá centrándonos más en las caras de los nuevos alumnos (serán muchos, es verdad, pero no perdamos el gusto por conocerles uno a uno) y en cómo lo vamos a hacer para seguir adelante. Quizá no pensando en que hay que luchar hasta con algunos compañeros (eso no lo pienso hacer…).

Prefiero no concretar ni ahondar en temas particulares, no en este momento. Quizá cuando se me lleven los demonios en plena vorágine educativa… ahora solo respirar hondo y pensar en lo que se nos viene encima. Con calma.

 

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On tour

Julio es considerado como “mes de descanso retribuído para dedicar a formación” en algunos lugares. Yo me lo tomo muy en serio desde hace tiempo, así como también la calidad de mi formación. Hace ya unos años que decidí dejar atrás los cursillos concretos sobre una herramienta o un tema para dedicar este mes a mi formación integral como docente.

¿Qué es esto? No solo lo que concierne al reciclaje de mis materias, sino lo que tiene que ver con mi filosofía como profesional de la enseñanza. Y como cada vez somos menos valorados, cada vez estamos más hundidos en el lodo social, es necesario formarse entre los mejores para intentar ser de los mejores. Por los alumnos, que en definitiva son los únicos que nos merecen la pena en esto.

Este mes de julio hice ruta completa, recorriendo media España en busca de lo mejor de lo mejor, en todos los sentidos. Y lo encontré allá donde fui. Tres eventos, más de diez días invertidos, muchos kilómetros recorridos, para sentirme hoy más completa (y más cansada) que cuando me fui.

Espiral Tapas&TIC: bajo el nombre, aparentemente lúdico-festivo (que también), está la unión de una gran asociación. El aporte de ideas bajo las cuales se unen profesores que se sienten solos, raros, diferentes, y otros que inventan, crean, iluminan. En el ambiente incomparable de la ciudad de Granada, se mimetizaron voces, se crearon proyectos, se disfrutó la profesión docente. Un grupo reducido con mucha fuerza, un formato agradable para el aprendizaje colaborativo. Compañeros, amigos, ¡¡gracias espiraleros!!

Novadors 2012: esta vez en Alcoy (qué bonito me pareció). Más de 300 personas implicadas en  la educación, dos días intensos de trabajo, reunión, charlas y también momentos para la amistad y el cariño, que tanta falta nos hacen en tiempos de carencia hasta de lo emocional. Me llevo el haber aprendido a realizar ejercicios de creación de cuentos mientras jugaba con las apps de los smartphones, la calma y la emoción hecha lágrima de la charla de @otxolua en un pechakuchá intenso hecho para no perder la esperanza, la bondad y generosidad intrínsecos de @juanfratic, profesor y persona íntegro donde los haya, el trabajo compartido con @capileiratic y el resto de En la nube TIC en la distancia, la participación constante de los alumnos, regalándonos tiempo, conocimiento y días de sus vacaciones, las charlas con l@s amig@s… de la vida, de la profesión, de lo divino y, sobre todo, de lo humano.

Aulablog 2012: siempre generosa Peñaranda de Bracamonte y sus gentes, acogiendo al que viene de fuera. Siempre especial, este evento, muy profundo, muy vivencial, muy de dejar huellas. Tres días de no parar, de los que se quedan grabados y te cambian un poquito cada vez. Destacando, sin menospreciar ni un segundo: cómo jugué y me reí como una cría programando con Scratch (imagina lo que harán mis chicos) en el taller de @jonsarean , gran amigo, gran profe. Los momentos de compartir en las desconferencias en la calle (porque ahí está el conocimiento); las lágrimas, risas, abrazos y distensión de la gente del taller de emociones, que mucha falta nos hacen y más ahora. La mirada ávida de saber de @DavizAguirre , recién salido de la facultad y con ganas de comerse el mundo. La mesa de novatos en pleno, con gente maravillosa que nos sorprendió porque siempre saben más de lo que dicen. La charla deliciosísima de un gran @ftsaez que nos demuestra que el humor es fundamental para entender el mundo y vivir nuestra profesión. Mis grandes amigos y anfitriones increíbles, @carmeniglesiasb y @JlBracamonte (¡¡te queremos!!).

Mucho saber junto, muchas sorpresas juntas, mucho cariño demostrado, muchos abrazos y vivencias en común, y mochila llena para el curso que viene. Preparaos, alumnos, que vuestros profes os vamos a “complicar” la vida 🙂

No quería poner más nombres, porque sois muchos los que formáis parte de mi, pero en justicia tengo en mi corazón a @lolaprieto, @NicolasaQm y @marudo76 , que me habéis dado tanto y me habéis soportado más. ¡¡Besos mil!!  Y a mis catastróficas, las que estuvieron y las que no pudieron (@Nololamento, ese abrazo valió por todo el tiempo sin verte, @puerto te quiero un montón).

Acabando…

… pero solo el curso.

Un  curso, como ya he dicho otras veces, raro. Y con unas vistas al año que viene muy poco prometedoras para la mayoría. Un curso en el que se han hecho muchas cosas, pero se ha hablado poco de ellas. Creo que los docentes, quemados con el peso de todo lo que se vino (y viene) encima, han preferido callar y seguir como hormigas, labrando el futuro de sus chicos sin grandes aspavientos.

Hemos trabajado duro, dentro del aula y fuera de ella, sin que nos hayan escuchado, pero eso no nos amilana. Hemos tenido problemas entre nosotros, pero la mayoría seguimos pensando que lo mejor es la unidad. Hemos bajado el volumen de nuestros logros, nuestras ideas, nuestros compromisos, pero no hemos dejado de hablar.

Ahora llega el verano, y con él nuevos encuentros donde seguiremos, con la mejor de nuestras sonrisas, insistiendo sobre la educación de calidad, la lucha contra quienes quieren hacer carnaza de nosotros. Y seguro que nos acompañan nuestros alumnos, que se han portado espléndidos apoyando a sus maestros (ellos sí saben lo que quieren, señores del Gobierno). Entre todos seguiremos ideando maneras de enseñar, maneras de levantar lo que se está derrumbando.

Nos encontraremos en Alcoy, en Peñaranda, donde sea… Con Espiral, Aulablog, Novadors, AndaTic o en quedadas más personales, sin dejar descansar la cabeza ni las emociones, porque no podemos evitar ser profesores de corazón, aunque nos indigne que no muchos parezcan verlo.

Cuántas cosas tienen que cambiar, y qué poco se hace por ayudarnos a hacerlo. Quizá no interesa, quizá no sale a cuenta. Mientras, sabemos que lo tendremos que hacer poco a poco, desde dentro, sin apoyo apenas. Porque este país necesita futuro, y ese futuro está en las manos de nuestros chicos. Y a ellos no podemos fallarles.

A partir del EABE12

Llevo dos años recorriendo la geografía española de “sarao educativo” en “sarao educativo”. Conociendo gente, compartiendo experiencias, escuchando hablar, trabajando… y, por qué no, divirtiéndome en compañía de compañer@s que me aportan muchas cosas en lo personal y en lo profesional.

He asistido a los eventos educativos más señalados, quizá en plena efervescencia de inquietud docente, justo cuando empezaba a sentir menos soledad, cuando abría los ojos como niña pequeña asombrada de que hubiese más gente como yo, que creía en lo mismo que yo, que se ayudaba de todas esas cosas “nuevas” para hacer que sus chicos vivieran otra manera de aprender. No es difícil deslumbrarse con todo ello.

Luego vinieron los recortes, más papelitos, más libros de texto. Un curso nuevo con cosas nuevas que prometían, y otras que nunca se cambiaron para ninguno. Y las decepciones políticas, y la infravaloración del trabajo del profesorado… y todas esas cosas que hacían pensar que la burbuja de felicidad en la que vivíamos en Twitter se reventaba de pura realidad. Aún así, sin tantos proyectos, o más bien sin tanto empuje o proyección como antes, seguíamos muchos nuestro camino dentro del aula, dejando en los chicos un tanto de esa libertad e ilusión que a nosotros nos quitaban.

Y llegó el EABE… ese encuentro andaluz que tenía mil colores y bastantes provincias del resto del país representadas. Trabajamos mucho, trabajamos bien. Yo diría que fue el empuje de la decepción, del rebote contra todo lo que nos pesa, lo que nos ayudó a pasar aquellas horas concentrados en dar lo mejor de nosotros mismos. Lo que hizo que salieran posters, fábulas, páginas de periódicos imaginativas, expresivas, llenas de emociones fuertes, de esa queja profunda contra el sistema.

Tuvimos mesas ya no sólo de profesores, que nos tenemos muy vistos, sino de familias y de alumnos. Se vieron padres (caballeros) preocupados por la educación, por su presencia en el mundo de sus hijos y el nuestro propio. Chicos de varias edades que se preguntaban, sabiamente, si todo esto iba a servir para algo, si esa palabra que les estábamos concediendo iba a trascender. No tenemos muchas respuestas, en estos momentos. La docencia pasa por un letargo poco dulce que debemos seguir empujando contra viento y marea. Pero nos anima que cada vez  haya más gente que quiera unirse al carro de las emociones, del cambio. Incluso equipos directivos que pretenden dar pasos adelante, como cabeza de otros muchísimos con ánimos inmovilistas y burocráticos.

Eso es lo que saqué del EABE. Más realismo, más trabajo duro, más corazón. Preguntas que hay que responder, actitudes que hay que resolver. Estamos más vivos que nunca, demostrado, y más indefensos. Pero sabemos que queremos y, con la ayuda de familias, alumnos y todos los que luchen por la educación de nuestros menores, lo conseguiremos, más tarde o más temprano.

Los interinos siguen en la calle, los sueldos siguen bajando, los ánimos intentan templarse, pero en el EABE encontré esperanza, mirando a mis compañeros y hablando con ellos. Y esto va a seguir hasta que veamos un horizonte limpio… porque está en algún lado. Gracias a los anfitriones, gracias a los amigos del alma, a mis catastróficas, y a esos padres y alumnos que me dieron tanto. Sevilla y Barcelona nunca estuvieron más cerca para mí.

Este viernes pasado tuve la ocasión de organizar, junto a Juanmi Muñoz @mudejarico, una de las sedes de #kfe05, dentro del movimiento Kfe Innovación.

Una manera espléndida de pasar un viernes por la tarde: hablando de la educación que queremos entre nosotros y en conjunto con otras sedes que, simultáneamente en otros lugares de la geografía, trataban temas convergentes. Varios fuimos los lugares que nos quedamos con el tema #openescuela, o Escuela abierta: las dos sedes de Barcelona, Tarragona, Valencia y Salamanca.

Surgieron muchos temas, la conversación empezó ya fuerte, y se prolongó llena de ideas, inquietudes, preguntas y respuestas, esperanzas y algunos miedos. Y es que la idea de escuela abierta genera diálogos y atención.

La escuela que queremos es tan diferente a la que hay… y la inercia del sistema es tanta… y nos rodean tantos fantasmas que es preciso invocar primero, para derrotar después… El proceso es lento, quizá tan lento que los que somos capaces de ver más allá tenemos miedo de que nunca llegue, o que ni siquiera lleguemos a rozarlo. Pero eso es lo de menos… lo importante es dar esos pequeños pasos, imperceptibles pero seguros, esos que hoy van hacia delante, y  mañana hacia atrás, pero que nos ayudan a ir avanzando si los sumamos.

Hay que abrir primero las mentes… eso es complicado, porque hablamos de personas, de costumbres, de cultura, de pasados, de futuros imprevisibles. Hay que mirar en una sucesión educativa, desde los pequeños de guardería hasta los que preparan su salto a la Universidad. Hay que contar con las familias, nuestros grandes aliados potenciales… con el vecindario, con los tenderos, con la comunidad, con la ciudad que expone espacios educativos y ofrece alternativas de ocio y de cultura.

No somos nosotros solos: es la Administración, que de momento no quiere ver más allá de sus narices. Es el entorno, que podemos cambiar. Es el alumno, al que hay que convencer de sus potencialidades. Somos nosotros, como docentes, que debemos pensar en otra manera de enseñar, sin creernos el ombligo del mundo ni el centro del saber. Acostumbrarnos a la idea de que somos también aprendices dentro del proceso educativo global.

Las once personas presentes en #BCN01 queríamos escuelas ideales, con espacios abiertos, con tecnología al servicio de la curiosidad, con opiniones externas, con aportaciones de todos lados. Trabajo colaborativo, padres en talleres, maestros unidos de todas partes en proyectos virtuales o reales… esas “utopías” aparentes de las que tanto hablamos y que tanto nos cuesta ver, en cuanto nos toca preparar una programación o realizar un examen.

Pero se puede. Poco a poco, lentamente, nunca en silencio, siempre mostrando el ejemplo, siempre desde la emoción que se contagia. Es solo así, con muestras vivas de prácticas positivas, que se puede convencer a los demás de lo que podemos conseguir. Y esperemos que nos dejen continuar nuestro trabajo valorando lo que pretendemos… que la política en este país sepa ver que tenemos que acogernos a un cambio positivo, de calidad, donde la escuela sea una y abierta, para todos y de todos.

Tras el café, tiempo para meditar. Tiempo para maquinar esas prácticas y esas conversaciones con los compañeros… para avanzar lentamente, seguramente.

Entre crisis ecónomicas, sociales, políticas, de valores, y otras muchas que se pasean por ahí en estos tiempos duros para el ciudadano de a pie, parece que la docencia no es buena profesión.

Quizá porque se supone que enseñamos a los niños a defenderse económicamente mediante las matemáticas, socialmente con las tutorías y las humanidades, políticamente con la educación para la ciudadanía y la historia, en valores mediante la orientación tutorial y el ejemplo como profesores y adultos formados en mil batallas… y eso no interesa. No interesa la ciencia, ni  la poesía, ni que lean (que luego saben demasiado y protestan).

Los profesores sobramos. Quizá porque últimamente se mete en estos berenjenales la gente que lo siente, que cree en un futuro mejor, que miran más allá de los libros de texto y las programaciones encorsetadas y quieren futuros reales, llenos de imaginación y de creación, en un mundo que necesita tanto de lo intangible como de lo que es. Pero de lo que es ya han dado cuenta muchos, y ahora no hay para todos. Y nos recortan las posibilidades, la creatividad, las alas para seguir luchando.

Leo en un blog y en otro más cómo docentes excelentes, con mentes privilegiadas y corazones gigantes, tiran la toalla. Se trabaja lo que se paga, se claudica frente a un sistema equivocado delante de todo el pueblo. Y a veces dan ganas de claudicar, sí. De olvidarse de avanzar y recogerse en una ley del mínimo esfuerzo, entrando en un letargo profesional que, si no nos traerá alegrías, al menos nos dejará un trabajo remunerado (con la remuneración que el político de turno quiera, eso sí).

Pero, pensando en ellos, en los chicos, hay algo llamado conciencia que grita una y otra vez. Algo que no se paga con dinero, que forma parte de los ideales (aquellos ideales casi setenteros, démodés quizá, pero auténticos). No podemos permitirnos tirar la toalla, aunque estemos cansados, vapuleados, ninguneados por la sociedad, por los políticos… no podemos.

Porque nuestros niños son futuro, son inversión. Y lo que padres y profesores no hagamos por ellos y con ellos, no van a venir los demás a hacerlo. Porque perdemos profesorado en la pública, en la privada, a los interinos se les trata como a trabajadores de segunda y se olvidan de que la vida está en las aulas. No toda, ni dentro de los libros, pero sí muchas horas, muchos meses, muchos años.

No tengo propósitos para este nuevo año, no me gusta hacerlos (sobre todo, porque no los cumplo), pero si tuviese alguno, sería seguir dedicándome a la Educación, con mayúsculas. A abrir los ojos de los niños al mundo, a su propia sabiduría, a su propio potencial. Porque ellos pueden, si quieren… y quieren si les dejamos. Y aman y respetan cuando se sienten amados y respetados, y de ahí, al cielo matemático o literario.

No tirar la toalla, pese a todo. Ese es mi propósito. Pese a la subida del IRPF que nos va a dejan los sueldos de risa, a los recortes de profesores de apoyo en la pública. Pensemos en ellos… en lo que les podemos dejar aún. Para que el futuro de todos sea diferente al presente que tenemos. Yo no me rindo.

Balances emocionales

Ya han pasado dos años desde que acepté el puesto de mediadora, casi tres. Y me gusta lo que hago. Me gusta el respeto y la confianza que tenemos, ellos y yo. El modo en que te hablan y dejan que les escuches, porque te lo han de permitir, sabiendo que no juzgas, que no castigas, que apenas hablas, pero que van a acabar solitos sabiendo qué tienen que hacer.

Me he encontrado de todo en este tiempo: pequeñas disputas, conflictos entre iguales, problemas entre profesores y alumnos, mucho desencuentro y malainterpretación por culpa de las redes sociales… y este año, más que nunca, violencia física. Nada que sea en abundancia ni excesivamente costoso en daños, pero apena.

Apena que la bofetada sea el único recurso de niños acorralados por la vida, absolutamente analfabetos de emociones. Que cualquier subidón de adrenalina provocado por esa tensión de sentir la baja autoestima desemboque en el golpe fácil.

Y no queremos violencia, y ellos lo saben. Ni en el colegio, ni en la casa, ni en la calle. Sólo queremos tolerancia, cordialidad, vida en paz, gestión de las emociones negativas, otorgar el valor que tienen en su justa dimensión a los sentimientos propios o ajenos. ¡Cómo lo entienden, sin necesidad de hablar!.

En cuanto entran a Mediación están arrepentidos, no entienden qué les ha pasado. No necesitan nuestros sermones, ni nuestros juicios, porque no son tontos. Pero muchos de ellos viven vidas donde la propia violencia es parte fundamental. Niños apaleados, física o emocionalmente, por padres que no entienden de cómo se educa a un hijo, por divorcios mal entendidos donde los niños son la moneda de cambio en el dolor, por mil problemas que les hacen sentir que no valen lo que valen, que no tienen nada que perder.

Niños apaleados verbalmente por otros niños, que a su vez se sienten menos porque alguien les dijo una vez que no eran nada. Niños, en definitiva, que tendrían que estar jugando, olvidándose de los que no les caen y disfrutando de la amistad e incluso el incipiente amor. Y a los que ya ni les duelen los palos.

Provoca tensión observar su tristeza, su arrepentimiento, sabiendo que lo único que puedes hacer es hablarles con cariño y con firmeza, escucharles siempre, ponerles esos límites que necesitan y estar ahí, siempre ahí. Alguien tiene que estar ahí.

 

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