Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para septiembre, 2014

Jugando a estudiar

Tengo este año, en matemáticas de 4t de ESO, un grupo de refuerzo. Son poquitos, con ganas de aprender, algunos con problemas de aprendizaje, con una base muy mala o con medicaciones varias. Aún así, me encanta su actitud.

Me preguntaba una de las chicas el otro día que si les iba a dar chuches si acertaban la respuesta al problema…eso me llevó mentalmente al concepto de gamificación. Transformar la enseñanza de las  matemáticas mediante el juego no es difícil, pero conlleva imaginación por parte del profesor y apertura por parte del alumno.

Lo primero es quitarles de la cabeza que las matemáticas son algo cuadrado y feo…hay que hacerles ver que llevan arte dentro, que son plásticas, que tienen color. Difícil, excepto si tú misma te lo crees. Luego, ¡¡vamos a jugar!!

Medimos tiempos (tiene su parte competitiva, que tanto les gusta), comprobamos resultados y tenemos premio. Y, de repente, quieren sumar más vectores, calcular más módulos (Porque estaba casi, señu!! Es que he restado mal!!).

Les gusta jugar, les gusta hacer ver que no están en una clase, que ganan o pierden, que el que siempre suspende las mates ahora es el que gana los premios. Se nos pasan las horas volando y eso me gusta.

Sin embargo, por dentro me preocupan cosas: cómo podré seguir el temario, a esta velocidad de tortuga; cómo vamos a poder evaluar al ritmo de los otros grupos, cómo van a tener el nivel de un 4º de ESO…si estuviésemos solos no me importaría nada de eso, no soy de temarios tediosos e imposibles en el tiempo, pero el ritmo ya viene marcado.

Haremos lo que podamos, iremos gamificando clases a ver si aprovechamos lo que vayamos haciendo. ¡¡Jugaremos a que estudiamos!!

Mi mayoría de edad… docente

Nos encontramos en esos días en que el colegio está casi desprovisto de alumnos (pese a esos exámenes de septiembre temidos), en los que te paseas por las aulas mirando el material que falta, los ordenadores estropeados, las cosas que se necesitan para empezar bien, y recibes el silencio de los pasillos.

Te da tiempo a pensar en la falta que hacen esos niños ahí, aún con los vozarrones y las risas a volumen desmesuradamente alto. ¡¡¡Qué feo se ve un colegio sin niños!!!. Sientes el aguijón de la vocación que jamás tuviste hasta hace unos (relativamente) pocos años y te das cuenta de que este año cumples la mayoría de edad en tu centro, en un centro de secundaria.

Porque en noviembre van a ser 18 los años que han pasado desde que decidí cambiar la frialdad de la Universidad por la enseñanza en ESO y Bachillerato. Confieso que buscaba una vida más tranquila y me encontré con el gusanillo que la adolescencia y su aparente dificultad te aporta. Yo no sé si estoy llegando a ese momento en que la diferencia generacional va a ser tan grande que no me entienda ni me entiendan…de momento, creo que aún tengo alma de niña y, sobre todo, aún me recuerdo a mí misma de adolescente. Eso me ayuda a verles de otro modo.

Supongo que nunca acabamos de tener lo que queremos. Hubiese deseado cambiar alguna asignatura este año, pero no puedo dejar de ver la parte positiva de  las dificultades, así que con lo que tenemos haremos grandes cosas (o pequeñas, pero cosas).

Está el reto de dar Ciencias del Mundo Contemporáneo…dicen que no les gusta a los chicos, pero a mí me parece apasionante el descubrimiento de la ciencia, en el sentido más amplio. La posibilidad de tocar, aunque sea ligeramente, varios campos interesantes que responden mil preguntas. Habrá que buscar su curiosidad, tocar la experimentación, encontrar dentro de ellos ese explorador de la vida que todos llevamos dentro. Y mi estreno con los pequeños de 1ºde ESO…eso sí que va a ser para prepararse bien!!!

A mis 18 años (en el colegio) no  dejo de sentir ilusiones y de pensar que mi vocación docente es de los mejores descubrimientos que he podido hacer en mi interior. ¡Y que dure!

 

Cake!

Nube de etiquetas