Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para marzo, 2012

A partir del EABE12

Llevo dos años recorriendo la geografía española de “sarao educativo” en “sarao educativo”. Conociendo gente, compartiendo experiencias, escuchando hablar, trabajando… y, por qué no, divirtiéndome en compañía de compañer@s que me aportan muchas cosas en lo personal y en lo profesional.

He asistido a los eventos educativos más señalados, quizá en plena efervescencia de inquietud docente, justo cuando empezaba a sentir menos soledad, cuando abría los ojos como niña pequeña asombrada de que hubiese más gente como yo, que creía en lo mismo que yo, que se ayudaba de todas esas cosas “nuevas” para hacer que sus chicos vivieran otra manera de aprender. No es difícil deslumbrarse con todo ello.

Luego vinieron los recortes, más papelitos, más libros de texto. Un curso nuevo con cosas nuevas que prometían, y otras que nunca se cambiaron para ninguno. Y las decepciones políticas, y la infravaloración del trabajo del profesorado… y todas esas cosas que hacían pensar que la burbuja de felicidad en la que vivíamos en Twitter se reventaba de pura realidad. Aún así, sin tantos proyectos, o más bien sin tanto empuje o proyección como antes, seguíamos muchos nuestro camino dentro del aula, dejando en los chicos un tanto de esa libertad e ilusión que a nosotros nos quitaban.

Y llegó el EABE… ese encuentro andaluz que tenía mil colores y bastantes provincias del resto del país representadas. Trabajamos mucho, trabajamos bien. Yo diría que fue el empuje de la decepción, del rebote contra todo lo que nos pesa, lo que nos ayudó a pasar aquellas horas concentrados en dar lo mejor de nosotros mismos. Lo que hizo que salieran posters, fábulas, páginas de periódicos imaginativas, expresivas, llenas de emociones fuertes, de esa queja profunda contra el sistema.

Tuvimos mesas ya no sólo de profesores, que nos tenemos muy vistos, sino de familias y de alumnos. Se vieron padres (caballeros) preocupados por la educación, por su presencia en el mundo de sus hijos y el nuestro propio. Chicos de varias edades que se preguntaban, sabiamente, si todo esto iba a servir para algo, si esa palabra que les estábamos concediendo iba a trascender. No tenemos muchas respuestas, en estos momentos. La docencia pasa por un letargo poco dulce que debemos seguir empujando contra viento y marea. Pero nos anima que cada vez  haya más gente que quiera unirse al carro de las emociones, del cambio. Incluso equipos directivos que pretenden dar pasos adelante, como cabeza de otros muchísimos con ánimos inmovilistas y burocráticos.

Eso es lo que saqué del EABE. Más realismo, más trabajo duro, más corazón. Preguntas que hay que responder, actitudes que hay que resolver. Estamos más vivos que nunca, demostrado, y más indefensos. Pero sabemos que queremos y, con la ayuda de familias, alumnos y todos los que luchen por la educación de nuestros menores, lo conseguiremos, más tarde o más temprano.

Los interinos siguen en la calle, los sueldos siguen bajando, los ánimos intentan templarse, pero en el EABE encontré esperanza, mirando a mis compañeros y hablando con ellos. Y esto va a seguir hasta que veamos un horizonte limpio… porque está en algún lado. Gracias a los anfitriones, gracias a los amigos del alma, a mis catastróficas, y a esos padres y alumnos que me dieron tanto. Sevilla y Barcelona nunca estuvieron más cerca para mí.

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