Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para enero, 2012

Escuelas abiertas desde el café

Este viernes pasado tuve la ocasión de organizar, junto a Juanmi Muñoz @mudejarico, una de las sedes de #kfe05, dentro del movimiento Kfe Innovación.

Una manera espléndida de pasar un viernes por la tarde: hablando de la educación que queremos entre nosotros y en conjunto con otras sedes que, simultáneamente en otros lugares de la geografía, trataban temas convergentes. Varios fuimos los lugares que nos quedamos con el tema #openescuela, o Escuela abierta: las dos sedes de Barcelona, Tarragona, Valencia y Salamanca.

Surgieron muchos temas, la conversación empezó ya fuerte, y se prolongó llena de ideas, inquietudes, preguntas y respuestas, esperanzas y algunos miedos. Y es que la idea de escuela abierta genera diálogos y atención.

La escuela que queremos es tan diferente a la que hay… y la inercia del sistema es tanta… y nos rodean tantos fantasmas que es preciso invocar primero, para derrotar después… El proceso es lento, quizá tan lento que los que somos capaces de ver más allá tenemos miedo de que nunca llegue, o que ni siquiera lleguemos a rozarlo. Pero eso es lo de menos… lo importante es dar esos pequeños pasos, imperceptibles pero seguros, esos que hoy van hacia delante, y  mañana hacia atrás, pero que nos ayudan a ir avanzando si los sumamos.

Hay que abrir primero las mentes… eso es complicado, porque hablamos de personas, de costumbres, de cultura, de pasados, de futuros imprevisibles. Hay que mirar en una sucesión educativa, desde los pequeños de guardería hasta los que preparan su salto a la Universidad. Hay que contar con las familias, nuestros grandes aliados potenciales… con el vecindario, con los tenderos, con la comunidad, con la ciudad que expone espacios educativos y ofrece alternativas de ocio y de cultura.

No somos nosotros solos: es la Administración, que de momento no quiere ver más allá de sus narices. Es el entorno, que podemos cambiar. Es el alumno, al que hay que convencer de sus potencialidades. Somos nosotros, como docentes, que debemos pensar en otra manera de enseñar, sin creernos el ombligo del mundo ni el centro del saber. Acostumbrarnos a la idea de que somos también aprendices dentro del proceso educativo global.

Las once personas presentes en #BCN01 queríamos escuelas ideales, con espacios abiertos, con tecnología al servicio de la curiosidad, con opiniones externas, con aportaciones de todos lados. Trabajo colaborativo, padres en talleres, maestros unidos de todas partes en proyectos virtuales o reales… esas “utopías” aparentes de las que tanto hablamos y que tanto nos cuesta ver, en cuanto nos toca preparar una programación o realizar un examen.

Pero se puede. Poco a poco, lentamente, nunca en silencio, siempre mostrando el ejemplo, siempre desde la emoción que se contagia. Es solo así, con muestras vivas de prácticas positivas, que se puede convencer a los demás de lo que podemos conseguir. Y esperemos que nos dejen continuar nuestro trabajo valorando lo que pretendemos… que la política en este país sepa ver que tenemos que acogernos a un cambio positivo, de calidad, donde la escuela sea una y abierta, para todos y de todos.

Tras el café, tiempo para meditar. Tiempo para maquinar esas prácticas y esas conversaciones con los compañeros… para avanzar lentamente, seguramente.

Malos tiempos para la docencia

Entre crisis ecónomicas, sociales, políticas, de valores, y otras muchas que se pasean por ahí en estos tiempos duros para el ciudadano de a pie, parece que la docencia no es buena profesión.

Quizá porque se supone que enseñamos a los niños a defenderse económicamente mediante las matemáticas, socialmente con las tutorías y las humanidades, políticamente con la educación para la ciudadanía y la historia, en valores mediante la orientación tutorial y el ejemplo como profesores y adultos formados en mil batallas… y eso no interesa. No interesa la ciencia, ni  la poesía, ni que lean (que luego saben demasiado y protestan).

Los profesores sobramos. Quizá porque últimamente se mete en estos berenjenales la gente que lo siente, que cree en un futuro mejor, que miran más allá de los libros de texto y las programaciones encorsetadas y quieren futuros reales, llenos de imaginación y de creación, en un mundo que necesita tanto de lo intangible como de lo que es. Pero de lo que es ya han dado cuenta muchos, y ahora no hay para todos. Y nos recortan las posibilidades, la creatividad, las alas para seguir luchando.

Leo en un blog y en otro más cómo docentes excelentes, con mentes privilegiadas y corazones gigantes, tiran la toalla. Se trabaja lo que se paga, se claudica frente a un sistema equivocado delante de todo el pueblo. Y a veces dan ganas de claudicar, sí. De olvidarse de avanzar y recogerse en una ley del mínimo esfuerzo, entrando en un letargo profesional que, si no nos traerá alegrías, al menos nos dejará un trabajo remunerado (con la remuneración que el político de turno quiera, eso sí).

Pero, pensando en ellos, en los chicos, hay algo llamado conciencia que grita una y otra vez. Algo que no se paga con dinero, que forma parte de los ideales (aquellos ideales casi setenteros, démodés quizá, pero auténticos). No podemos permitirnos tirar la toalla, aunque estemos cansados, vapuleados, ninguneados por la sociedad, por los políticos… no podemos.

Porque nuestros niños son futuro, son inversión. Y lo que padres y profesores no hagamos por ellos y con ellos, no van a venir los demás a hacerlo. Porque perdemos profesorado en la pública, en la privada, a los interinos se les trata como a trabajadores de segunda y se olvidan de que la vida está en las aulas. No toda, ni dentro de los libros, pero sí muchas horas, muchos meses, muchos años.

No tengo propósitos para este nuevo año, no me gusta hacerlos (sobre todo, porque no los cumplo), pero si tuviese alguno, sería seguir dedicándome a la Educación, con mayúsculas. A abrir los ojos de los niños al mundo, a su propia sabiduría, a su propio potencial. Porque ellos pueden, si quieren… y quieren si les dejamos. Y aman y respetan cuando se sienten amados y respetados, y de ahí, al cielo matemático o literario.

No tirar la toalla, pese a todo. Ese es mi propósito. Pese a la subida del IRPF que nos va a dejan los sueldos de risa, a los recortes de profesores de apoyo en la pública. Pensemos en ellos… en lo que les podemos dejar aún. Para que el futuro de todos sea diferente al presente que tenemos. Yo no me rindo.

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