Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para diciembre, 2011

Balances emocionales

Ya han pasado dos años desde que acepté el puesto de mediadora, casi tres. Y me gusta lo que hago. Me gusta el respeto y la confianza que tenemos, ellos y yo. El modo en que te hablan y dejan que les escuches, porque te lo han de permitir, sabiendo que no juzgas, que no castigas, que apenas hablas, pero que van a acabar solitos sabiendo qué tienen que hacer.

Me he encontrado de todo en este tiempo: pequeñas disputas, conflictos entre iguales, problemas entre profesores y alumnos, mucho desencuentro y malainterpretación por culpa de las redes sociales… y este año, más que nunca, violencia física. Nada que sea en abundancia ni excesivamente costoso en daños, pero apena.

Apena que la bofetada sea el único recurso de niños acorralados por la vida, absolutamente analfabetos de emociones. Que cualquier subidón de adrenalina provocado por esa tensión de sentir la baja autoestima desemboque en el golpe fácil.

Y no queremos violencia, y ellos lo saben. Ni en el colegio, ni en la casa, ni en la calle. Sólo queremos tolerancia, cordialidad, vida en paz, gestión de las emociones negativas, otorgar el valor que tienen en su justa dimensión a los sentimientos propios o ajenos. ¡Cómo lo entienden, sin necesidad de hablar!.

En cuanto entran a Mediación están arrepentidos, no entienden qué les ha pasado. No necesitan nuestros sermones, ni nuestros juicios, porque no son tontos. Pero muchos de ellos viven vidas donde la propia violencia es parte fundamental. Niños apaleados, física o emocionalmente, por padres que no entienden de cómo se educa a un hijo, por divorcios mal entendidos donde los niños son la moneda de cambio en el dolor, por mil problemas que les hacen sentir que no valen lo que valen, que no tienen nada que perder.

Niños apaleados verbalmente por otros niños, que a su vez se sienten menos porque alguien les dijo una vez que no eran nada. Niños, en definitiva, que tendrían que estar jugando, olvidándose de los que no les caen y disfrutando de la amistad e incluso el incipiente amor. Y a los que ya ni les duelen los palos.

Provoca tensión observar su tristeza, su arrepentimiento, sabiendo que lo único que puedes hacer es hablarles con cariño y con firmeza, escucharles siempre, ponerles esos límites que necesitan y estar ahí, siempre ahí. Alguien tiene que estar ahí.

 

Iniciativas

Después de 15 años en la enseñanza, me sigue sorprendiendo la actitud y las reacciones de los chicos.

Se habla una y otra vez de su desmotivación, falta de ganas de aprender, falta de curiosidad (algo que también yo he comprobado), falta de esfuerzo…  tantas y tantas faltas que parece que el futuro vaya a ser muy negro para ellos y, de rebote, para todos. Niños llevados al fracaso, en su mayoría, por un sistema educativo caduco que no contempla nuevos modos de enseñar, ni las realidades de tantos tipos distintos de criaturas. Es imposible conseguir que todos aprendan por igual, imposible uniformizarlos en el aprendizaje memorístico de listas de datos. Imposible que todos tengan el mismo nivel de química, de matemáticas, de arte…

Cuando uno, como docente, tiene claro todo esto, se las ingenia como puede para proponer nuevas metas, nuevas maneras de acercar al alumno al aprendizaje, a veces sin que se dé apenas cuenta. Y, como la tecnología ayuda, sólo hay que idear alguna actividad que les pueda atraer. El problema sigue presente, sin embargo, si existe una obligación. Y la verdad es que los trabajos o proyectos voluntarios a veces cuestan de llevar a cabo, precisamente por las mismas diferencias emocionales entre el alumnado.  Es un ejercicio de paciencia, de búsqueda, de acercamiento y llegada y, sobre todo, de guía.

Me ha sorprendido la actitud de chic@s muy diferentes de mi clase de ciencias naturales a la hora de compartir conocimiento con sus compañeros. Después de realizar un trabajo en una wiki creada para ellos y por ellos, dedican tiempo en casa a rectificar lo que hemos comentado en clase que se puede mejorar. Quizá no tanto de cara a lo que ya está hecho como de cara al futuro. Pero, sin que nadie se lo pida, vuelven a rehacer el trabajo, entran recién llegados del colegio para volver a consultar, volver a trabajar lo hecho buscando la perfección.

Hacía tiempo que no encontraba el modo de conseguir que ellos solos tuviesen ganas, motivos, iniciativa en su propio apredizaje. Ahora, creo que hasta han encontrado de nuevo las preguntas. Ahora, cada día hay nuevos por qués que ellos mismos quieren resolver. Y me siento parte de ello y orgullosa de verles crecer.

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