Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para octubre, 2011

Pensamientos sobre un post

Leo en uno de los blogs que sigo con asiduidad (Xarxatic) un artículo que me perdí en su día sobre la Visibilidad en la red de los centros educativos.

Esa visibilidad necesaria para tener una política limpia y abierta de centro, que permita a los padres la elección, la comparación (¿por qué no?), la visión de lo que se hace con sus hijos, de lo que se pretende de  ellos. Y no sólo los padres tienen ese derecho. El resto de docentes que trabajan para la educación también tiene derecho a aprender de los demás, a intentar mejorar su propio quehacer con modelos externos. Y para los chicos, es un orgullo y una motivación saber y ver que su trabajo en las aulas se comparte, se valora y se mide a partir de otros proyectos de chavales como ellos.

La educación, que hoy en día lleva consigo el uso de la tecnología más avanzada, no puede vivir de espaldas a la red, a las redes sociales, a lo que representa compartir el conocimiento. No podemos estar ajenos a lo que, no sólo existe, sino que representa un futuro más cercano y cierto de lo que imaginamos.

No vamos a volver atrás. Como cuando se inventó el coche, este mundo nuestro no va a permitir que la educación se mantenga al margen o se escape de la vorágine tecnológica y emocional que nos empieza a envolver. Si no miramos adelante seremos polvo, porque todo evoluciona ahora a mucha más velocidad de lo que lo ha hecho nunca.

Las redes existen y de nosotros depende el uso que le demos. La importancia de la identidad digital, tanto individual como de centro, nos tiene que animar más a crearnos la nuestra, real y fuerte, que a temer consecuencias que se pueden evitar con conocimiento. No podemos ignorar el cambio, que ya ha penetrado en la gran mayoría de nuestros colegios e institutos. Por tanto, es el momento de mirar adelante, a las redes, a las nuevas posibilidades, sin miedos.

Siempre con la ley por delante, por supuesto. Siempre con el respeto a la intimidad, a la propiedad privada, a la infancia, pero también con ganas de vivir en 2.0, con valores que ahora vuelven con más fuerza que nunca, como la colaboración o la generosidad.

No deja de existir aquello que no vemos, o en lo que no participamos. Y cuanto antes sepamos sacarle partido y sentido positivo, antes sabremos adaptarnos a este futuro tan presente.

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