Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para 8 abril 2011

Hablando de ell@s

Es curioso cómo a veces las cosas confluyen en un cauce común. Quería escribir sobre cosas diferentes, sobre el Bachillerato de Excelencia por un lado y sobre la vida escolar de mis alumnos por otro. Y veo ahora el lugar por donde unirlos.

A. tiene 17 años, no está en el curso que le corresponde. No es chica de excelentes, ni de presunta excelencia, en el sentido “estricto” de la palabra. Se esconde tras una máscara de maquillaje y, sobre todo, tras una pose de dureza que tiene a medio mundo equivocado. Sus palabras son fuertes, su voz muy alta; respondona y desafiante, es de las que miran profundamente a los ojos cuando entregan un examen en blanco.


[¿Eso es lo que queremos en este país? ¿En esos chic@s está el futuro? Hay que hacer algo para que no interrumpan, no desmotiven a los otros, no provoquen que los mejores no destaquen]

Cuando conoces un poco más a A. te das cuenta de lo parecida que es a I., del otro grupo… y a la otra I., que ya está fuera del colegio, y a C., de la que ayer tuve buenas noticias. La cuestión es esa: ¿quiero conocer a A.? Porque entonces sólo hace falta rascar levemente para encontrar muchas cosas.
La niña es sensible… demasiado sensible (y lo poco que le gusta que se sepa…). La niña es inteligente pero no le da por demostrarlo, prefiere actos de fuerza (lo que le han enseñado). Tiene una autoestima por los suelos; años de decirle lo mal que lo hace todo, o casi todo. Y sin embargo, cuando me mira y me sonríe, veo lo que lleva dentro: es más guapa de lo que ella cree, es más lista de lo que se imagina, tiene más empeño en vivir de lo que tengo yo, pero no lo sabe, nadie se lo ha dicho.
Llevo todo el curso viendo como ha pasado de exámenes en blanco al último notable, porque se lo trabaja ella sola, porque escucha, aprende, se interesa. Porque hablamos mucho, todos; y se escuchan entre ellos, y se animan y se dicen cosas positivas, y entre todo eso caen perlas de biología o de química, que también tengo que hacer esa parte de mi trabajo.

[¿Y eso no es ser excelente? ¿Pasar de la nada al conocimiento, o al menos, a intentar adquirirlo?]

No pretendo quitar mérito a nadie, ni dejar de fomentar la ilusión y el empuje de aquel que ha nacido privilegiado, o que se lo trabaja con sudor e interés, pero tampoco quiero dejar a los desfavorecidos detrás, ni soltarles de la mano, ni hacerles sentir menos. Porque tienen mucho que aportar, porque no es sólo lo excelente… es lo bueno, lo interno, lo útil, lo bello. Y eso, sin duda, lo tiene A.

Aunque no llegue a hacer bachillerato (o sí…).

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