Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para abril, 2011

Reflexionando en 500 palabras

La palabra “educación” a veces me suena a añejo. En mi mente tiene reminiscencias tipo “la letra, con sangre entra”. Me hace pensar en niños serios, callados y quietos… ¿niños?.

Una de las cosas que siempre me ha dado miedo de mis alumnos es verles perder la sonrisa. Cuando pasan por mis manos en 3º de ESO son divertidos, entusiastas, algo gamberretes, habladores, y en los siguientes tres años se les ve amargarse lentamente. Al final acaban callados, inertes… los que acaban. ¿Educados?, no lo sé.

El propósito de la educación que está dentro de mi cabeza pasa por otros derroteros. Las personas merecemos ser educadas en la libertad consciente, en la toma de decisiones y el ansia de aprendizaje continuo. Merecemos que nos muestren caminos para que podamos elegir, que nos indiquen posibilidades para que podamos ahondar en ellas.

Nuestros chicos parten con un potencial inmenso en sus cabezas que no podemos modelar según criterios cerrados, es ponerles vendas a unos ojos ávidos de miradas al mundo. Nosotros somos guías en un proceso del que ellos son protagonistas.

La razón de ser de la escuela es el alumno, ¿por qué no trabajamos para que sea el alumno el que se desarrolle, el que imagine, el que viva plenamente su propia educación?. Porque es más cómodo ponerle siempre las mismas cosas delante, hacerle siempre las mismas preguntas, cerrarle la mente en lo que está establecido, en la pasividad.

La educación tiene que ser activa y nosotros debemos trabajar para ello, siendo igualmente activos, proporcionando ideas, herramientas, maneras de que los chicos se muevan en el mundo y muevan al mundo. Porque el mundo no es siempre igual, y ha quedado demostrado largamente en los últimos diez o quince años. Y yo que pensaba, en mi adolescencia, que había nacido en mala época, donde “todo estaba inventado y no había nada nuevo por encontrar”…

Las nuevas tecnologías han dado impulso a tantas cosas, han supuesto tener el conocimiento global más a mano, han llevado a los niños hacia su propia evolución que tiene que ser la nuestra, de paso. La educación necesita integrar todas esas nuevas formas de tratar y ver el mundo en que vivimos, debe asimilarlas y trabajar con ellas para que los alumnos de hoy sean esos adultos de mañana preparados para lo que aún ha de venir, porque no todo está inventado, ni tan solo ahora.

Hay que educar en la visión global, en el conocimiento propio, en el trabajo colaborativo… ¡qué importante se está haciendo el compartir y qué poca idea les damos de ello!

De estas cábalas, compartidas con algunos compañeros, surge una idea: creemos un encuentro permanente, global, dándole forma poco a poco, introduciendo ideas a partir de cada una de las reuniones que tengamos. Una #openescuela20, abierta y plural, donde nosotros mismos aprendamos el modo en que enseñaremos.
Porque juntos siempre se aprende mejor, educando de un modo más cercano a la realidad que nos envuelve. El futuro hecho presente.

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Hablando de ell@s

Es curioso cómo a veces las cosas confluyen en un cauce común. Quería escribir sobre cosas diferentes, sobre el Bachillerato de Excelencia por un lado y sobre la vida escolar de mis alumnos por otro. Y veo ahora el lugar por donde unirlos.

A. tiene 17 años, no está en el curso que le corresponde. No es chica de excelentes, ni de presunta excelencia, en el sentido “estricto” de la palabra. Se esconde tras una máscara de maquillaje y, sobre todo, tras una pose de dureza que tiene a medio mundo equivocado. Sus palabras son fuertes, su voz muy alta; respondona y desafiante, es de las que miran profundamente a los ojos cuando entregan un examen en blanco.


[¿Eso es lo que queremos en este país? ¿En esos chic@s está el futuro? Hay que hacer algo para que no interrumpan, no desmotiven a los otros, no provoquen que los mejores no destaquen]

Cuando conoces un poco más a A. te das cuenta de lo parecida que es a I., del otro grupo… y a la otra I., que ya está fuera del colegio, y a C., de la que ayer tuve buenas noticias. La cuestión es esa: ¿quiero conocer a A.? Porque entonces sólo hace falta rascar levemente para encontrar muchas cosas.
La niña es sensible… demasiado sensible (y lo poco que le gusta que se sepa…). La niña es inteligente pero no le da por demostrarlo, prefiere actos de fuerza (lo que le han enseñado). Tiene una autoestima por los suelos; años de decirle lo mal que lo hace todo, o casi todo. Y sin embargo, cuando me mira y me sonríe, veo lo que lleva dentro: es más guapa de lo que ella cree, es más lista de lo que se imagina, tiene más empeño en vivir de lo que tengo yo, pero no lo sabe, nadie se lo ha dicho.
Llevo todo el curso viendo como ha pasado de exámenes en blanco al último notable, porque se lo trabaja ella sola, porque escucha, aprende, se interesa. Porque hablamos mucho, todos; y se escuchan entre ellos, y se animan y se dicen cosas positivas, y entre todo eso caen perlas de biología o de química, que también tengo que hacer esa parte de mi trabajo.

[¿Y eso no es ser excelente? ¿Pasar de la nada al conocimiento, o al menos, a intentar adquirirlo?]

No pretendo quitar mérito a nadie, ni dejar de fomentar la ilusión y el empuje de aquel que ha nacido privilegiado, o que se lo trabaja con sudor e interés, pero tampoco quiero dejar a los desfavorecidos detrás, ni soltarles de la mano, ni hacerles sentir menos. Porque tienen mucho que aportar, porque no es sólo lo excelente… es lo bueno, lo interno, lo útil, lo bello. Y eso, sin duda, lo tiene A.

Aunque no llegue a hacer bachillerato (o sí…).

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