Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para 28 enero 2011

Sobre proyectos y trabajo

Qué raro suena oir decir que a alguien le gusta su trabajo. Tal vez porque es un ideal que no siempre se cumple y, además, cuesta mucho esfuerzo llegar a alcanzarlo.

Primero, la vocación… una palabra en desuso en todos los sentidos. Aquello que sientes que debes hacer, aquello para lo que sabes que sirves, incluso aquello que amas y que se convierte en uno de los grandes sentidos de tu vida. Para mí, siempre fue el estudio de la vida, por eso me metí en el mundo apasionante de la Biología. Pero no sería sino bastantes años más tarde cuando descubrí que lo mío era la enseñanza.

Cuando estás en el aula el cerebro bulle. Localizas en poco tiempo el potencial del grupo de chicos que tienes delante y comienzan las ideas… qué necesitan, qué se puede hacer con ellos, cómo motivarles, cómo sacar lo mejor de ellos. Es un trabajo arduo, porque supone implicarte con ellos, algo peligroso, según algunos. Para mí, supone un conocimiento más profundo que conlleva saber qué les mueve, qué desean, cómo quieren las cosas. Y a partir de ahí, el trabajo se adapta al objetivo: el aprendizaje voluntario y aprovechado.

Desde que ando por Twitter (qué tendrá, que siempre sale en mis posts) la mente se me está hiperdesarrollando a base de maquinar, probar, participar, compartir, con todos aquellos que también aman lo que hacen e intentan cada día hacerlo mejor. Y todo ese ánimo que se contagia al profesor, también pasa al alumno, que comprende que superarse cada día le ofrece satisfacciones, y no sólo por las notas, sino por lo que aprende a nivel individual.

Queda mucho que hacer en la escuela de hoy, mucho por cambiar, pero la clave está en el entusiasmo del profesor, en nuestra capacidad para proporcionar medios de conocimiento válido. Que ellos comprendan que son útiles, autónomos, listos… ¡fuera con las autoestimas bajas! Y a crecer, en positivo… ellos y nosotros, que aún no terminamos.

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