Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para 16 diciembre 2010

Errare humanum est

Sabemos que somos humanos por muchas cosas, principalmente porque lo sabemos. También, que nadie es perfecto. Y menos mal, porque el mundo sería tan aburrido sin capacidad para mejorar y para seguir aprendiendo cada día…

Sabemos que podemos equivocarnos. Todos. Tú, yo, los altos mandatarios del Gobierno (por supuesto), nuestros hijos, los padres… hasta los profesores. Quizá más, porque vivimos expuestos a modas, politiqueos, críticas desde dentro, desde fuera, a presiones de la sociedad. Y como lo sabemos, supongo que intentamos mejorar.

Vivo últimamente mi profesión como un cúmulo de contradicciones: lo que llevo dentro, lo que aprendo a diario en mi búsqueda de lo mejor para mis alumnos y para mí, acercándome a quienes más saben, a quienes poseen experiencia, a quienes están en la cresta de la ola de la educación en este país y en otros. Todo eso, que está siendo descubrimiento agradable y aleccionador, choca fuertemente con lo que me rodea y en lo que me siento inmersa. Estoy casi convencida de ser una adolescente emocional en lo que concierne a mis sensaciones de sentirme fuera de todo.

Me veo metida en un anacronismo sin fin. Recordando mis propios tiempos de estudiante, cuando esos pasaron hace ya varias décadas. Me siento en un mundo sesentero donde el “mando y ordeno”, el “niño malo, niño bueno”, el “doscientos ejercicios y pregunto la lección mañana uno por uno” me causan eco en los oídos. Escucho hablar de mis alumnos con apelativos que no corresponden a sus nombres; decir que “no hacen nada, no se esfuerzan, hay que hacerles trabajar más, puede hacer mucho más” y aumentar así los deberes de casa, las interminables poesías que deben saber de memoria, los innumerables problemas de química acompañados de las leyes que deben conocer paso por paso… y a nadie se le ocurre que, a lo mejor, nosotros estamos equivocados.

Casi nadie de mi entorno quiere ver que las cosas han cambiado. Es más fácil echarle las culpas a ellos que mirar alrededor y ver que la vida no es lo que era, que te adaptas o te quedas fosilizado en el pasado. No pueden ser todos los chicos tontos, señores… no me lo creo. No son como nosotros, no se han criado igual, y a mí misma me ha costado asimilarlo. Los cambios dan miedo. Pero tenemos que admitir que hay que seducirles pedagógicamente desde otro punto de vista, y quien no lo hace se está equivocando.

A veces hasta pienso que me equivoco yo, cuando me hablan de la “cultura del esfuerzo”… tengo la cabeza echa un lío. Aunque yo sí sé algo seguro: que muchas veces no hago las cosas bien, pero esta vez tengo la razón de mi parte.

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