Cómo ser profesora y no morir en el intento

La verdad es que siempre me llamó la atención, cuando era alumna, el hecho de comenzar el colegio con la consabida redacción: “Mis vacaciones”.

Ahora pienso que debía ser por ese ralentí que llevamos los profesores cuando regresamos al trabajo y todavía no tenemos las ideas en su sitio y el trabajo organizado. Y menos este curso, que hemos tenido que empezar con una semana de antelación por la imposición de la maravillosa y europea “semana blanca”, que ya veremos qué tela traerá…

Mi inicio de curso ha sido accidentado, pero quizá más relajado que de costumbre. Accidentado porque la tecnología se ha vuelto contra los profesores de informática: las sesiones se negaban a funcionar, los chicos tenían que trabajar con sesiones comunes (con el revuelo asociado a ello) y los problemas se tenían que resolver en riguroso directo y con el tiempo corriendo en contra.

Después de plantarme y decidir que es mejor que pierdan diez minutos en su adorado Facebook mientras nosotros reparamos los sistemas operativos uno por uno, ahora parece que podemos descansar  y trabajar con cierta normalidad. Y como los temarios están bien planificados, las tareas organizadas, la nueva red social funciona de maravilla y todo el mundo se ha adaptado a ella como un guante, sólo queda el descanso de buscar nuevos retos para el curso (contradictorio, parece).

Ahora es cuando pienso en Bolivia y en los planes de colaboración con el profesor de computación y sus alumnos. Cuando me despierto por la mañana y lo primero que me viene a la mente es un proyecto que muy bien podremos compartir si allí hay conexión a internet, si los chicos tienen  edades parecidas, si… vaya modo de empezar la mañana.

Ahora es cuando enciendo TweetDeck y me pongo a leer, entre la ya larga lista de mi Time Line, todas las propuestas, herramientas, blogs, trabajos que empiezan, las actividades programadas para el curso, las ideas que se les ocurren a todos estos profesionales de la enseñanza que tienen un valor tremendo. Es cuando me planteo asistir a reuniones y actividades de las que no tenía conocimiento hace tan sólo un curso escolar, y que ahora pueden aportarme tanto a nivel profesional y personal.

Mi principio de curso no sólo me ha traído alumnos nuevos (que, por cierto, tienen buena pinta), sino ánimos nuevos y fuerza, muchas fuerza, la adquirida el curso anterior con todo lo aprendido, y la que me ha dado mi experiencia como educadora en Bolivia, inolvidable. Y yo creo que los chicos lo notan… ¡válgame Dios lo perceptivos que son, estos adolescentes!

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Comentarios en: "Redacción: mi principio de curso" (1)

  1. Estás con el ánimo perfecto para empezar el curso. A por ello ;D

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