Cómo ser profesora y no morir en el intento

Archivo para junio, 2010

Haciendo balances

Los pasillos se quedaron silenciosos de nuevo. En junio, es algo de agradecer después de los nueve meses de trabajo. Es hora de pensar en qué se hizo, qué se puede mejorar, qué se puede idear de cara al curso que viene, porque los maestros no descansamos nunca (o casi).

Estoy contenta con todo lo ocurrido… con esa cierta insumisión que me ha permitido hacer lo que he querido, puertas adentro del aula, que nos ha llevado a discurrir cómo vencer las dificultades de la falta de recursos y de apoyo. Me llevo la sonrisa de mis chicos cuando sacaban buenas notas en Ciencias Naturales, después de horas y horas de preparar presentaciones, trabajos on line, laboratorios virtuales, para darles otro modo de ver la enseñanza. Y la han aprovechado.

También me llevo todo lo que he aprendido de mi gran claustro virtual, sin el cual hubiera sido imposible la mitad o más de lo que hemos hecho.

Me queda, quizá, el regusto amargo de quien sabe que es posible otro tipo de enseñanza, de quien abrió los ojos a verdades educativas que se ignoran por intereses personales o por comodidad, y que poco puede hacer por cambiarlo. La tristeza de haberme visto inmersa en decisiones en las que no creía, pero en las que estaba en minoría, de sentirme parte de esa misma minoría silenciada que grita a veces en el desierto.

También existe esa parte oscura de los objetivos no logrados en chicos que hace tiempo que perdieron la sonrisa, la fe en la educación y en sus educadores, que a estas alturas no creen ni siquiera en los cambios y prefieren vivir de espaldas a todo, incluso a lo que tanto cuesta de superar para intentar que tengan otro futuro. Ellos no tienen la culpa, son niños.

Sin embargo, lo positivo supera a lo negativo, y aquí no voy a quedarme ni a rendirme. Ni yo ni mis compañeros. Porque aún queda mucho por lo que luchar, mucho trabajo que hacer para lograr que cambie todo lo que parece anclado en un pasado que ya se siente obsoleto y fuera de tiempo.

Y en septiembre sé que en esos mismos pasillos silenciosos en los que hoy agradezco pasear así, echaré de menos el bullicio de las voces y las risas de los chicos, preparados o no para lo que se les viene encima.

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MI ÁRBOL DE PERLAS

(lo que hemos trabajado este curso en los distintos niveles)

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