Cómo ser profesora y no morir en el intento

Eso que llaman P.I.

Programación individualizada o Adaptación Curricular Individualizada (aquellos ACI que antaño nos parecían tan temibles…).

Si lees solo las siglas, los conceptos quedan tan desprovistos del lado emocional que parecen un engorro más dentro del horroroso ceremonial burocrático de las programaciones (que no digo yo que no sirvan para nada, en general, pero que muchas veces se las lleva el viento).

Si te paras a entender, sobre todo si tienes uno, dos o tres (o más…) en clase, las cosas cambian. Cada programación corresponde a un niño, a un caso único y especial, aunque a veces los casos se repiten porque corresponden a problemáticas, por desgracia, comunes en la actualidad.

Dislexia, TDAH, niños recién llegados de países con otras lenguas, con otras culturas, con otra manera de enseñar y aprender…niños.

Es la primera vez que tengo varios en una clase…la primera vez que me veo en la tesitura de tener que programar algo tan especial como las matemáticas para ellos. Para empezar, busco en Internet…mi gozo en un pozo. Como siempre, la red me da la razón en que la didáctica de las matemáticas es, para decirlo finamente, un desastre. Me encuentro fichas de ejercicios, calcula esto y aquello, listas interminables  de problemas resueltos y sin resolver…nada práctico, nada visual, nada gamificado. Nada para niños que no leen bien, que no escriben bien, que no entienden bien.

Entonces pienso que es Programación Individualizada…para ellos, cada uno de ellos, de mí. Hay que conocerles, ver de qué pié cojean y, lo más importante, olvidarse del temario. Yo bien quisiera olvidarme siempre del temario, pero ahí está la losa…

Para ellos, el temario es personal. Qué deben aprender sobre las matemáticas a su edad, con lo que saben de atrás, con lo que se van a ver delante. No se pueden evaluar igual, pero los padres seguramente querrán las mismas notas que todos y les medirán por ellas.  No puedo evaluar igual una dislexia que un TDAH, ni un TDAH con una niño de memoria limitada…pero todos conviven en la misma clase y el sistema nos pide que les formemos y les evaluemos.

Me olvido de las fichas, me olvido del temario, me olvido de todo lo que no sea que son niños…probemos la gamificación, la oralidad, la comprensión más que el cálculo, las situaciones de la vida real. De uno en uno, porque cada uno, repito, es único y especial.

Esto de los P.I. es muy difícil y complicado, no me extraña que llevemos años huyendo y buscando fichas, a ver quién se pone a programar tres trimestres niño por niño, cuando tenemos a veces clases de 30.

Pensemos lo que pensemos, la problemática existe, esos niños son de carne y hueso, encantadores y con ganas de ser mejores de lo que creen (o les hemos hecho creer) que son, pero con el mismo sistema no hay mucho que hacer. Los docentes tenemos que seguir rompiéndonos la crisma, formándonos, batallando desde casa, hasta la medianoche si hace falta, porque no son fichas precisamente lo que ellos necesitan.

Esto es un manifiesto personal, sin soluciones y sin ánimo de queja, simplemente para reflexionar.

 

Fuente de la imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a6/Studying_%284755894459%29.jpg

Jugando a estudiar

Tengo este año, en matemáticas de 4t de ESO, un grupo de refuerzo. Son poquitos, con ganas de aprender, algunos con problemas de aprendizaje, con una base muy mala o con medicaciones varias. Aún así, me encanta su actitud.

Me preguntaba una de las chicas el otro día que si les iba a dar chuches si acertaban la respuesta al problema…eso me llevó mentalmente al concepto de gamificación. Transformar la enseñanza de las  matemáticas mediante el juego no es difícil, pero conlleva imaginación por parte del profesor y apertura por parte del alumno.

Lo primero es quitarles de la cabeza que las matemáticas son algo cuadrado y feo…hay que hacerles ver que llevan arte dentro, que son plásticas, que tienen color. Difícil, excepto si tú misma te lo crees. Luego, ¡¡vamos a jugar!!

Medimos tiempos (tiene su parte competitiva, que tanto les gusta), comprobamos resultados y tenemos premio. Y, de repente, quieren sumar más vectores, calcular más módulos (Porque estaba casi, señu!! Es que he restado mal!!).

Les gusta jugar, les gusta hacer ver que no están en una clase, que ganan o pierden, que el que siempre suspende las mates ahora es el que gana los premios. Se nos pasan las horas volando y eso me gusta.

Sin embargo, por dentro me preocupan cosas: cómo podré seguir el temario, a esta velocidad de tortuga; cómo vamos a poder evaluar al ritmo de los otros grupos, cómo van a tener el nivel de un 4º de ESO…si estuviésemos solos no me importaría nada de eso, no soy de temarios tediosos e imposibles en el tiempo, pero el ritmo ya viene marcado.

Haremos lo que podamos, iremos gamificando clases a ver si aprovechamos lo que vayamos haciendo. ¡¡Jugaremos a que estudiamos!!

Nos encontramos en esos días en que el colegio está casi desprovisto de alumnos (pese a esos exámenes de septiembre temidos), en los que te paseas por las aulas mirando el material que falta, los ordenadores estropeados, las cosas que se necesitan para empezar bien, y recibes el silencio de los pasillos.

Te da tiempo a pensar en la falta que hacen esos niños ahí, aún con los vozarrones y las risas a volumen desmesuradamente alto. ¡¡¡Qué feo se ve un colegio sin niños!!!. Sientes el aguijón de la vocación que jamás tuviste hasta hace unos (relativamente) pocos años y te das cuenta de que este año cumples la mayoría de edad en tu centro, en un centro de secundaria.

Porque en noviembre van a ser 18 los años que han pasado desde que decidí cambiar la frialdad de la Universidad por la enseñanza en ESO y Bachillerato. Confieso que buscaba una vida más tranquila y me encontré con el gusanillo que la adolescencia y su aparente dificultad te aporta. Yo no sé si estoy llegando a ese momento en que la diferencia generacional va a ser tan grande que no me entienda ni me entiendan…de momento, creo que aún tengo alma de niña y, sobre todo, aún me recuerdo a mí misma de adolescente. Eso me ayuda a verles de otro modo.

Supongo que nunca acabamos de tener lo que queremos. Hubiese deseado cambiar alguna asignatura este año, pero no puedo dejar de ver la parte positiva de  las dificultades, así que con lo que tenemos haremos grandes cosas (o pequeñas, pero cosas).

Está el reto de dar Ciencias del Mundo Contemporáneo…dicen que no les gusta a los chicos, pero a mí me parece apasionante el descubrimiento de la ciencia, en el sentido más amplio. La posibilidad de tocar, aunque sea ligeramente, varios campos interesantes que responden mil preguntas. Habrá que buscar su curiosidad, tocar la experimentación, encontrar dentro de ellos ese explorador de la vida que todos llevamos dentro. Y mi estreno con los pequeños de 1ºde ESO…eso sí que va a ser para prepararse bien!!!

A mis 18 años (en el colegio) no  dejo de sentir ilusiones y de pensar que mi vocación docente es de los mejores descubrimientos que he podido hacer en mi interior. ¡Y que dure!

 

http://www.flickr.com/photos/8978957@N07/2508741617

Y seguimos…

Me acabo de dar cuenta de que ha pasado más de un año desde la última entrada. Al leerla, pensé que era de este junio pasado, pero no…la cuestión debe estar en que durante un año no cambió mi impresión ni mi parecer. He seguido desconectada de las redes y de otras cosas, aunque nunca de la educación.

Cierto es que el trabajo dentro de Espiral me ha consumido tiempo y esfuerzos. Presidir esa gran asociación quizá viene grande a alguien como yo, pero no será por ganas o falta de motivación. Igual pasa dentro del aula…sigo poniéndole ganas y motivación contra todo pronóstico, porque los chicos se merecen siempre lo mejor de nosotros mismos y eso no se lo he negado nunca a ninguno.

Mañana comienza un curso difícil, con más retos personales, debiendo aplicar más esfuerzos si cabe. Confieso que da miedo, después de dos meses de no pensar, de dedicar la vida a vivirla lejos del mundo educativo, de intentar “limpiar” la mente de ideas preconcebidas para volver partiendo prácticamente de cero.

Lo único que tengo claro ahora mismo es que hay que seguir adelante, con los medios de los que disponga, con los apoyos que tenga, con las fuerzas que he reunido y con los alumnos que me toquen. Para ellos serán mis ideas (las que pueda poner en marcha).

También espero terminar de darle forma al proyecto espiralero, con ayuda de todos aquellos y aquellas que están dentro o fuera, pero que creen en ello y que saben que lo hacemos para que el profesorado tenga un lugar con el que contar en aspectos de formación, asesoramiento, proyectos, etc. 

Sigo creyendo en que las dificultades crean las buenas ideas, que el buen humor y disposición de ánimo mejoran el rendimiento personal y que en este curso todos podemos llegar muy lejos.

¡¡¡¡A por el 1 de septiembre!!!!

Desmotivación

Siempre que leemos esta palabra se nos vienen a la mente nuestros alumnos. Pues no, esta vez no es esa la connotación.

He movido poco este blog durante el curso, también he disminuído mucho mi actividad en otros campos educativos, incluída la tuitera (raro en mí). Ahora ya es fin de curso, los chicos han abandonado las aulas y para mí, más que en fin de año, es éste el momento de los balances.

Durante todo el curso me he centrado en las aulas reales, en los chicos y chicas reales, en mis materias y en mi propio claustro. He dejado más atrás todo lo virtual para concentrar mis esfuerzos en una realidad que me ha dejado mal sabor de boca. La mayor parte de lo que he intentado, no ha salido. Y no por falta de apoyo o por falta de medios…esta vez me he sentido ayudada, arropada, parte de un grupo de gente que quería. Sin embargo, creo que el ambiente general de vuelta atrás nos ha pasado factura, no solo a nosotros, sino también a los alumnos.

Su comodidad, desmotivación propia, disminución de ilusión…su dejarse llevar, me ha sumergido personalmente en una espiral desmotivante que se une a metodologías generales por las que me cuesta pasar y que me hacen dejar de opinar en reuniones y claustros.

No he podido levantar cabeza, lo reconozco. Y eso ha llevado a que ellos tampoco se esforzasen en hacerlo. Esta vez, ni todo mi ánimo pudo con esa sensación generalizada entre el alumnado de obligaciones, trabajos forzados, desgana de todo… esta vez se me contagió el “let it be”.

Quiero cambiar eso, lo mismo que quise cambiar la educación en mi entorno y pude solo a medias. Es duro darse cuenta que hay cosas que no cambian, o que cambian según sopla el viento. Y más duro no poder enfrentarse a ello de cara porque las miradas que te dedican, si te las dedican, son de aburrimiento y desgana general.

Lo mejor del año: mis compañeros/as. Con los que he pasado buenos momentos, con los que sigo conviviendo y a los que intento entender (y ellos a mí, desde luego) a pesar de que a veces no lo consigo. Muchas emociones en mi claustro real, positivas y negativas, y unión, esta vez sí.

Lo peor: el ánimo de mis chicos/as. Creo que no le ven solución. El colegio se les hace grande, pesado, duro…el mío y todos, porque es un problema de sistema, no de centro. Ya no tiran de la ilusión y eso complica mucho mi trabajo. Ya no tienen fe ni siquiera en nosotros, mucho menos en nosotros.

La desmotivación del profesor es peor que la del alumno, porque no estamos ciegos y vivimos en un mundo educativo caótico y errático, donde cada quién cree tener la razón y nadie se pone de acuerdo.

¿Balance nagativo? Me niego a considerarlo así. Prefiero aprender de errores y pensar en cómo arreglarlos. Quiero seguir intentando cambiar mi entorno, como mínimo. A ver si este verano, entre formación y emoción, consigo encontrar la luz que a veces se me apaga.

Image: ‘Usability‘  http://www.flickr.com/photos/93087247@N00/42397643  Found on flickrcc.net

¿El alumnado manda?

Era la pregunta con la que se anunciaba, en la Jornada Espiral 2013, la mesa redonda de alumnos que tendría lugar la tarde del viernes 8 de marzo.
Basada en una (gran) idea de Esther Subias, compañera y amiga, me tocó el (gran) honor de darle forma y moderarla.
Conseguimos 17 alumnos procedentes de 6 centros educativos, de distintos niveles, desde 5º de Primaria hasta alumnas de un centro de adultos, dos señoras pre-jubiladas con muchas sorpresas bajo la manga. No importa tanto la procedencia de los niños, para eso os podéis informar aquí. Importa lo que se vivió esa tarde y las conclusiones a las que llegaron:

Llevaba preparadas unas cuantas cuestiones por si los niños, con la timidez propia de la infancia-preadolescencia-adolescencia, no conseguían un diálogo fluído. Como siempre, los adultos nos equivocamos. Todos sabían qué decir, tenían las cosas claras, en un sentido u otro. Solo empezar el debate, nos dimos todos cuenta de que el alumnado realmente mandaba.

Saben lo que quieren: un cambio en el método, más práctica y menos conceptos vagos, más colaboración entre ellos. Tienen claro que se aprende más compartiendo, que cada quién posee sus virtudes que puede potenciar en grupo. Se habló de dos puntos claves: la tecnología como ayuda a ampliar el conocimiento y como base de la colaboración, y la educación emocional, para no olvidarnos de que somos humanos.

Sobre los profes (tema controvertido, con bastantes de ellos mirando desde los asientos…), no se cortan. Les gustan los profesores que les guían, que se preocupan, que les orientan, más que los que les aburren dirigiéndoles largos discursos desprovistos de motivación. Quieren profes cercanos, “como segundos padres”, comentó una niña de 2º de ESO, con quienes puedan hablar y que les puedan aconsejar “no solo de las materias, sino de la vida”. Insisten (¡ellos!) en que se necesitan profesores con formación, sobre todo en tecnologías, que les puedan resolver problemas del día a día. ¡Ojo al dato!

La evaluación tuvo su varapalo, no porque quisieran que no hubiera, sino porque quieren (como todos los presentes en ese momento) que cambie.

Hubo discusión sana y madura (mejor que las que se dan en el Congreso de los Diputados, sin  duda) sobre tecnologías en el aula sí/tecnologías en el aula no. Las posiciones contrapuestas, sin embargo, se complementaban en muchos momentos. Todos estaban de acuerdo que no se puede vivir alejados, hoy en día, de algo que forma parte de nosotros: nuestro móvil, nuestro ordenador. Sin embargo, es necesario pensar en que no podemos vivir de espaldas a los seres humanos que nos rodean, encerrados en un mundo virtual. El coste de la tecnología puede suponer, también, una diferencia sustancial para algunos chicos. La tecnología debe igualarles, no separarles.

La red nos une y eso tiene valor; no en vano la mayor parte de la gente que estaba en la sala, ellos incluídos, estaban allí convocados gracias al poder de las redes sociales, que me acercaron a sus profesores y a sus centros escolares. Pero no hemos de olvidar al compañero, al amigo, a la familia, con quienes es bueno compartir esas redes. Fue espléndida la intervención de una madre que se sentía “orgullosa de ver a mi hijo ahí, que me explica cosas con las que puedo acercarme más a él”.

Nos dejaron con la boca abierta. Nadie miró el reloj mientras la conversación fluía, pocas veces intervine como moderadora, para dar palabra a unos u otros (jamás se pisaron entre ellos, ni levantaron la voz, ni dejaron de argumentar aquello en lo que creían). De la más pequeña a las señoras, con las que disfrutamos de su pasión creciente por el descubrimiento tecnológico y las ganas renacidas de aprender. Desde bachillerato hasta ciclos formativos. Los adultos, padres y profesores, tenemos que escuchar más, tenemos que darnos cuenta de que son ellos los que tienen voz.

Porque ellos son nuestra razón de ser y en ellos está nuestro futuro.

Para empezar bien el curso

Dejo aquí unas pequeñas recetas, fruto de la experiencia de más de 16 años de trabajo con adolescentes, que siempre me han funcionado y hacen que mi relación con ellos mejore día a día. La presentación se hizo para ser estrenada en el taller Emociones en el aula de Aulablog 12, pero allí no hubo tiempo… nos emocionamos demasiado.

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